Cruz Roja Huesca conmemora el Día Mundial del Hábitat instando a la población eliminar las barreras en el acceso a la vivienda que sufren las personas migrantes y refugiadas

Desde 1985, el primer lunes de octubre, Naciones Unidas conmemora el Día Mundial del Hábitat con el objetivo de hacer de las ciudades espacios más sostenibles que garanticen el derecho a toda la ciudadanía de contar con una vivienda digna para el resguardo de sus familias.

Cruz Roja Huesca se suma a esta causa poniendo el foco sobre las barreras en el acceso a una vivienda que sufren las personas inmigrantes y refugiadas, quienes, de media, y según datos de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, tienen que hacer una media 180 llamadas para una sola visita a un piso o habitación de alquiler.

“Tener una vivienda implica contar con un hogar, un espacio de seguridad en el que desarrollar sus vidas. La falta de acceso a una vivienda en buenas condiciones de habitabilidad y en un entorno seguro provoca la denominada “exclusión residencial”, que aglutina diferentes problemáticas asociadas, como la guetización de las ciudades, el sinhogarismo, el hacinamiento o el subarrendamiento.”, señala Teresa Aso, responsable del proyecto.

Y es que, en el mercado inmobiliario actual, donde la oferta es menor que la demanda, las barreras que se encuentran las personas refugiadas son muchas, desde requisitos y cláusulas abusivas -exigencia de contrato laboral indefinido, cuestionamiento sobre su responsabilidad en los pagos, avales…-, prejuicios, trato desfavorable por cuestiones de etnia, documentación o idioma…

“Percibimos mucha desconfianza basada en una idea preconcebida, generalmente, muy alejada de la realidad. Cuando tenemos la oportunidad de explicar el programa de Refugiados y conocen a estas personas, vemos como se desmontan muchos mitos. Es a raíz de ese momento cuando se establecen relaciones positivas y enriquecedoras.” destaca Paloma Rinconada, una de las técnicas encargadas de la búsqueda de vivienda.
Así sucedió con Daniel, un propietario que actualmente tiene 3 viviendas alquiladas a distintas familias. Su relación con Cruz Roja venía de lejos, ya que es socio y colaboró durante la objeción de conciencia en servicios preventivos de su localidad. “Lo que más miedo me daba eran los impagos, la conservación de la vivienda y  los problemas de comunicación con personas de pensamiento y formas de proceder distintas. Sin embargo, Cruz Roja siempre está detrás con la mejor comunicación hacia la propiedad. Velan por la óptima conservación del inmueble incluso haciendo ellos mismos algunos mantenimientos. Los contratos de arrendamiento son muy serios y completos, al igual que la puntualidad en el ingreso de las rentas. Personalmente me quedo muy satisfecho por poder colaborar por un mundo mejor, consciente de que hay mucho por hacer pero sumando mi granito de arena.”

Albert y Paty también dieron el salto y se sumaron al alquiler de personas refugiadas, ya que ellos pasaron por su misma situación cuando llegaron a nuestro país. “Sabemos cómo se siente una persona cuando llega de otro lugar y por eso nos decidimos a ayudar. La experiencia ha sido buena y la relación con Cruz Roja muy profesional en todos los aspectos, no sólo con la vivienda, si no con todas las personas implicadas”

Para Paula, saber que Cruz Roja estaba detrás fue lo que le acabó de convencer “Al principio tenía muchos miedos, pero me disteis la plena confianza de que estabais respaldándolos. No lo alquilas sin saber si van a responder o no, y eso nunca se sabe a ciencia cierta, pero en este caso tienes la seguridad de que hay personas detrás velando porque todo salga bien. Además, si nos ponemos en su lugar y alguna vez nos tocase vivir algo así nos gustaría que alguien nos echara una mano. Alquilar es confiar en otras personas.”

Clemente, otro de los propietarios que colaboran en el proyecto, lo hizo por empatía, deseando que si alguna vez le tocase vivir algo así encontrara a alguien que apostara por él. “Hay personas que pueden aportar mucho si nosotros les aportamos un poco, les apoyamos en una situación compleja y les damos ánimo con nuestro apoyo y nuestra confianza. Si todos colaboramos, las personas refugiadas son una gran riqueza para nuestra sociedad. Sin duda lo recomendaría. Te aporta una experiencia humana muy valiosa. Hay que pensar además que son personas que no acaban de llegar, que han pasado por una etapa de preparación antes de dar el paso de alquilar una vivienda, lo cual supone un grado ya avanzado en su proceso de integración.”

En esa misma línea, Luis, que tiene alquilada su vivienda a una familia ucraniana, opina que es crucial la implicación de la sociedad de acogida “El trabajo que hace Cruz Roja con las personas refugiadas es admirable y necesario, pero es una labor en la que todos deberíamos colaborar dentro de nuestras posibilidades para que se sientan acogidas en este país.”

Como destaca María Ballabriga, otra de las responsables de la búsqueda de vivienda, dentro del itinerario de integración de las personas refugiadas, la búsqueda y obtención de una vivienda que se ajuste a sus necesidades es crucial. “Esta nueva vivienda va a ser el espacio que va a proporcionarles, por primera vez en mucho tiempo, tras la estancia en centros compartidos, un espacio tranquilo y propio donde comenzar a reconstruir su vida en base a su nueva realidad. Sin embargo, esta ilusión suele verse truncada en el proceso de búsqueda de vivienda, cuando se encuentran con grandes dificultades de acceso y múltiples rechazos, lo que hace que no se sientan acogidos en su nueva ciudad y genera muchísima frustración”.

EXCLUSIÓN RESIDENCIAL

El proceso inmobiliario socialmente excluyente que vive España se remonta a antes de la crisis, siendo 2016 el año de mayor aumento de precios de las viviendas. Este incremento, a su vez, está contribuyendo a una fuerte transferencia de riqueza de las personas pobres a las ricas, y de las jóvenes a las mayores de 65 años, lo que contribuye a la brecha generacional y de clases. Al mismo tiempo, el crecimiento de los precios está vinculado a los intereses en conflicto entre los inversores que buscan ganancias en los mercados inmobiliarios y los habitantes de los pueblos y ciudades. Se aprecia una ampliación de la brecha de rentas entre inquilinos y propietarios en varios países; mientras tanto, quienes intentan ingresar al mercado de la vivienda, como las personas inmigrantes y refugiadas, se enfrentan cada vez a más dificultades. Atendiendo a los datos del informe sobre el precio medio del alquiler en España publicado recientemente por el Ministerio de Fomento a través del Observatorio de Vivienda y Suelo en base a los depósitos de las fianzas, Huesca estaría en el grupo de ciudades con alquileres más asequibles, con una media de 399€ mensuales. Sin embargo, estos datos no reflejan la realidad de la capital, ya que responden a una media provincial y, por desgracia, en el día a día nos estamos encontrando con alquileres más próximos a los 500€ mensuales, lo que dificulta el acceso a familias monoparentales o en aquellas en las que no todos sus miembros trabajan.

Al coste medio del alquiler en España se le une otra realidad, la de las viviendas vacías. La ciudad de Huesca cuenta con 5.120 posibles viviendas vacías, según el censo realizado el pasado mes de marzo por el Ayuntamiento de Huesca a través de la concejalía de Vivienda.

Las ciudades son el lugar donde interactuamos social, cultural, política y económicamente, y donde nos desarrollamos como seres humanos. Modelan nuestra forma de vida. Es tarea de todos y todas hacer de éstas espacios más amables, que incluyan a toda la ciudadanía, evitando así las consecuencias negativas del rápido desarrollo de las ciudades, como la falta de viviendas apropiadas y la creación de zonas deprimidas y sin infraestructuras, lo que fomenta la pobreza, el desempleo, la delincuencia, la contaminación y los problemas de salud pública, así como respuestas insuficientes ante los desastres naturales o catástrofes debidas a los efectos del cambio climático. Teniendo estos retos en mente, y con los objetivos de Desarrollo Sostenible sobre la mesa, está en nuestra mano la creación de urbes inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles.